Patricio


Me acuerdo que llegamos a casa, bajamos del auto en la puerta y escuchamos maullar un gato, miramos hacia el árbol de la casa de al lado y vimos un gatito de no más de 3 meses subido ahí y que lloraba. Lo bajé y los chicos, que en ese momento tenían 6 años Joaquín y no más de 2 Malena, enseguida le trajeron un platito con leche y ya se habían adueñado del felino. 
Patricio le pusieron de nombre. En "homenaje" al compañero fiel de Bob Esponja. 
Siempre callejero, Patricio entraba y salía cuando quería y como podía. Dormía en nuestras camas, en el placard, y si tenía comida comía y si no pedía.
Su mayor virtud siempre fue el compañerismo. Cuando alguno de los chicos estaba en cama el se acostaba a sus pies. Lo mismo con Ale y conmigo, incluso cuando nos sentíamos tristes. Siempre lo destacamos por ser uno de los pocos gatos que conocíamos que nos lamía la mano.
Hoy me levanté tarde, último día de vacaciones, y llegó Ale del trabajo y me avisó que estaba en el pasto tirado.
Fui, lo levanté. Agarré una pala y lo enterré al lado del limonero. 
Mientras cavaba lloraba y no dejaba de pensar en lo que significó para nosotros.
Muchas veces me pregunté como un animal puede significar tanto para las personas, más que mucha gente. Mi egoísmo me hace sentir que te fuiste muy rápido de nuestras vidas; que soñaba con tenerte sentado en el sillón de casa, gordo y perezoso como ahora. Pero las cosas se dieron así y hay que aceptarlas.
Más de una vez, hoy por la tarde, miré para afuera buscándote en esos lugares donde te tirabas a dormir y te juro que se me llenaron los ojos de lágrimas al recordarte.
Lo sigo llorando mientras escribo éstas palabras que no buscan más que rendir un pequeño pero sentido homenaje a Patricio, el mejor gato de todos.

Te vamos a extrañar mucho, gracias por éstos años compañero. 

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